La única palabra que se nos ocurre es “¡Ay!”

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No sabemos cómo este tipo terminó con la cabeza incrustada en el techo, pero la expresión de preocupación en los rostros de todos indica que no fue algo planeado. Si es el novio, es posible que acabe de convertir su boda en un viaje a urgencias.

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Saltar en interiores siempre es arriesgado, y esta pobre alma demostró por qué. Esperemos que lo curaran rápido, y quizás después instaló ventiladores de techo más bajos en casa.

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