11. Mi amigo y yo éramos compañeros de piso, solteros. Teníamos uno o dos abridores de botellas y nunca los encontrábamos para abrir las cervezas, así que la siguiente vez que fuimos a la licorería compramos unos 30 por 10 céntimos cada uno y literalmente los tiramos por todo el apartamento.

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De esa manera, si buscabas uno, siempre había uno justo a tu lado. Funcionó tan jodidamente perfecto que ni siquiera puedo describirlo con palabras para que lo entiendas, y hasta el día de hoy, pensar en ello me alivia el estrés. Hay algo en que te den una cerveza y saber que hay un abridor de botellas a menos de 60 cm de ti, sin importar dónde estés en el apartamento, que es tranquilizador a un nivel emocional profundo.

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@Xralius

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