Tiza para piel pálida

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En los siglos XVIII y XIX, la piel pálida era un rasgo de belleza muy valorado, asociado con la riqueza y el refinamiento. Las mujeres se aplicaban polvos a base de plomo blanco o tiza en la cara para realzar la palidez. Algunas incluso ingerían tiza o vinagre para producir una tez fantasmal, que se creía que reflejaba la gentileza y la clase.

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Este deseo de palidez provenía de la idea de que solo los ricos podían permitirse evitar la exposición al sol. Desafortunadamente, los productos químicos utilizados en estos polvos eran tóxicos y causaban daño a la piel, pérdida de cabello y otros problemas de salud. A pesar de los riesgos, la tendencia persistió durante décadas hasta que las preocupaciones de salud y los cambiantes estándares de belleza cambiaron las preferencias.

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