Verdades sobre los cruceros que nos hicieron replantearnos nuestros planes de vacaciones

Embarcar no es un paseo por la alfombra roja

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Los anuncios de cruceros hacen que el embarque parezca una entrada glamurosa, pero la realidad se parece más al caos de una terminal de aeropuerto abarrotada. Los pasajeros se agolpan en masa, cada uno con su equipaje a cuestas y llenos de anticipación, lo que rápidamente se convierte en frenesí. Largas colas, controles de pasaportes y multitudes empujando absorben el espíritu de vacaciones en un instante.

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El muelle puede parecer el lugar perfecto para el primer selfie de las vacaciones, pero no te detengas. La gente está en misión “A bordo”, la paciencia es escasa. Los codos se despliegan y el espacio personal se convierte en un bien de lujo raro.

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El jacuzzi es todo, menos privado

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Quizás te imaginaste un momento tranquilo en el agua caliente burbujeante, con la brisa marina y la puesta de sol, pero la realidad en el barco es un punto de encuentro completamente abarrotado. Estos jacuzzis son muy codiciados, en el verdadero sentido de la palabra, y atraen multitudes como la luz a las polillas.

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En lugar de una sensación de bienestar, te espera más bien un mini cóctel con traje de baño. Las conversaciones pueden ser entretenidas y la vista de ensueño, pero si no tienes ganas de compartir el contacto corporal con extraños, este podría no ser tu lugar.

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